Una Firme Plataforma

       De todos los grandes movimientos religiosos desde los días de los apóstoles, ninguno ha estado más libre de la imperfección humana y de las artimañas de Satanás que el del otoño de 1844. Aun ahora, después de muchos años, todos los que participaron en ese movimiento y se han mantenido firmes en la (plataforma de la) verdad todavía sienten la santa influencia de esa bendita obra y dan testimonio de que fue de Dios.     (El Conflicto de Los Siglos Pag. 398.3)

     “Note que en la traducción al Español se omite la palabra plataforma, no obstante en la versión en ingles si está.”

       Of all the great religious movements since the days of the apostles, none have been more free from human imperfection and the wiles of Satan than was that of the autumn of 1844. Even now, after the lapse of many years, all who shared in that movement and who have stood firm upon the platform of truth still feel the holy influence of that blessed work and bear witness that it was of God.    (The Great Controversy  Pag. 401.3)

             La advertencia ha llegado: no vamos a permitir que nada perturbe o interrumpa el fundamento de la fe sobre la cual hemos estado construyendo el mensaje que llego en los años 1842, 1843 and 1844. Yo estuve en este mensaje y desde entonces he estado ante el mundo, leal a la luz que Dios nos ha dado. No estamos en la posición de salir de la plataforma que ha sido puesta día a día cuando buscamos al Señor en ardiente oración, buscando la luz. Piensan que pudiera salir de la luz que Dios me ha dado? Esta será como la Roca de La Eternidad. Esta me ha guiado constantemente desde que me fue dada. (R H Abril 14, 1903.)

        “El ángel que une su voz a la proclamación del tercer mensaje, alumbrará toda la tierra con su gloria. Así se predice una obra de extensión universal y de poder extraordinario.   El movimiento adventista de 1840 a 1844 fue una manifestación gloriosa del poder divino; el mensaje del primer ángel fue llevado a todas las estaciones misioneras de la tierra, y en algunos países se distinguió por el mayor interés religioso que se haya visto en país cualquiera desde el tiempo de la Reforma del siglo XVI; pero todo esto será superado por el poderoso movimiento que ha de desarrollarse bajo la proclamación de la última amonestación del tercer ángel.
      “La gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella. Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio. Esos son los “tiempos de refrigerio” en que pensaba el apóstol Pedro cuando dijo: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo.” Hechos 3: 19-20 Conflicto de los Siglos, pág. 596

         El primer mensaje y el segundo se dieron en 1843 y 1844, y ahora estamos bajo la proclamación del tercero; pero aun ahora hay que seguir proclamando los tres mensajes. Ahora es tan esencial como en cualquier tiempo pasado que se los repita a los que están buscando la verdad. Debemos hacer resonar su proclamación mediante la pluma y la voz; debemos mostrar su secuencia y la aplicación de las profecías que nos conducen al mensaje del tercer ángel. No puede haber un tercer mensaje sin un primero y un segundo. Debemos proclamar al mundo estos mensajes mediante publicaciones y conferencias que muestren en el ámbito profético las cosas que han sido y las que serán.    (Mensajes Selectos Tomo II Pág. 121)

Muchos de los que aceptaban el tercer mensaje no habían tenido experiencia en los dos anteriores. Satanás comprendió esto, y fijó en ellos su ojo maligno para vencerlos; pero el tercer ángel dirigía la atención de ellos hacia el lugar santísimo, y los que habían tenido experiencia en los mensajes anteriores les indicaban el camino del santuario celestial. Muchos percibieron el perfecto eslabonamiento de verdades en los mensajes angélicos, y aceptándolos gozosamente uno tras otro, siguieron al Señor por la fe en el santuario celeste. Estos mensajes me fueron representados como un áncora para el pueblo de Dios. Quienes los comprendan y acepten quedarán libres de verse arrastrados por los muchos engaños de Satanás.    (Primeros Escritos Pag.  256.1)

     Vi que una compañía se mantenía de pie bien guardada y firme, negando su apoyo a aquellos que querían trastornar la fe establecida del cuerpo. Dios miraba con aprobación a esa compañía. Me fueron mostrados tres escalones: los mensajes del primer ángel, del segundo y del tercero. Dijo mi ángel acompañantes. “¡Ay de aquel que mueva un bloque o clavija de estos mensajes! La verdadera comprensión de esos mensajes es de importancia vital. El destino de las almas depende de la manera en que son recibidos.” Nuevamente se me hizo recorrer esos mensajes, y vi a cuán alto precio había obtenido su experiencia el pueblo de Dios. La obtuvo por mucho padecimiento y severo conflicto. Dios lo 259 había conducido paso a paso, hasta ponerlo sobre una plataforma sólida e inconmovible. Vi a ciertas personas acercarse a la plataforma y examinar su fundamento. Algunos subieron inmediatamente a ella con regocijo. Otros comenzaron a encontrar defectos en el fundamento. Querían que se hiciesen mejoras. Entonces la plataforma sería más perfecta, y la gente mucho más feliz. Algunos se bajaban de la plataforma para examinarla, y declaraban que estaba mal colocada. Pero vi que casi todos permanecían firmes sobre la plataforma y exhortaban a quienes habían bajado de ella a que cesasen sus quejas; porque Dios era el Artífice Maestro, y ellos estaban combatiendo contra él. Relataban la obra maravillosa hecha por Dios, que los había conducido a la plataforma firme, y al unísono alzaban los ojos al cielo y con voz fuerte glorificaban a Dios. Esto afectaba a algunos de los que se habían quejado y dejado la plataforma, y éstos, con aspecto humilde, volvían a subir a ella.

(Primeros Escritos Pág. 258)

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